Me acuerdo que al entrar la primavera… yo caminaba por las veredas verdes y observaba a las babosas, goteaba sudores de un brillo excepcional, las gotas se agolpaban en mis cejas, iluminadas por los rayos del sol.
Y mi ropa olía a campo y el campo olía a libertad. Paseaba mi cuerpo por los atajos mas recónditos de esas tierras. Me cubrían los hierbazales hasta la cintura, soplaba de vez en cuando un poco de aire fresco. Cerraba los ojos y subía los brazos intentando tocarlo y hasta atraparlo para siempre … La brisa se colaba entre mis dedos, dejando constancia de su frescura en la palma de mis manos. Secaba el sudor de mi frente, abría los ojos y encontraba robustas tierras en barbecho, descansando … Llanuras repletas de margaritas, matorrales y cardos borriqueros. Aún corría un hilo de agua limpia en los surcos del camino, me agachaba y mojaba mi cara .
Luego me sentaba a la sombra de una higuera y escuchaba cantar a los pájaros.
De vuelta a casa, adentrándome en el pueblo, sacudía mis zapatos en el cemento. Las calles olían a tortilla francesa y la gente fumaba en los umbrales de sus casas, comían pipas, charlaban …
Yo me tomaba un colacao fresquito en el corral. Me sentaba en aquellas sillas verdes mientras se hacía de noche … Al acostarme… en aquella cama que no era mía, escuchaba ladrar a los perros y por la mañana, volvía a despertarme el gallo …
1 comentario:
Ouuu yeah!! Libre como el viento...
forniquen en mí, soy el lecho del amor...
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