domingo, 5 de junio de 2011

Tapado con una manta herrumbrosa estaba el piano al que tantas veces había escuchado arrancarle notas, sonaban en su cabeza aquellas melodías clásicas que su tita tocaba a media tarde después de la merendilla. Entraban cuatro rayos de sol entre las cortinas ocres, se iluminaba de música aquella habitación semejante a una sala de exposición, desbordante talento emanaban sus dedos largos adornados con anillos de plata vieja...

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